martes, 25 de enero de 2011

adiós

Llevaba años pensando cómo amueblaría la que de siempre he dicho que iba a ser mi casa cuando tuviese dinero. No se trataba de una casa enorme en el barrio de Salamanca, ni de un 'loft' en el centro, ni de un 'chalet'... Se trataba tan sólo de una casa de dos pisos situada cerca del Metro de Prosperidad, en la calle Juan Bautista de Toledo, haciendo esquina con López de Hoyos. Tenía claro que ésa iba a ser mi casa; iba a ser ésa y no otra. Y mi madre me decía que no me hiciera ilusiones, y yo tan sólo le respondía que las paredes por dentro serían color pistacho y que por fuera el edificio conservaría ese tono amarillo-ocre. Solía imaginar que mi dormitorio se encontraría en esa especie de torreoncito circular y que en la terraza-azotea organizaría fiestas por la noche. De pequeña quería poner una tienda de ropa justo en el local de abajo.
Pero, como el resto de sueños, éste tampoco se va a cumplir. Tenía la esperanza de que me tocase la lotería o algo...
Mis amigas siempre me decían: vámonos a vivir todas a un piso del centro, cerca de Tribunal, y todos los días pasearíamos por Gran Vía y compraríamos pantalones en Touch Me e iríamos a la tiendas de la calle Velarde. Ellas nunca han entendido que prefiriese esa casa en el barrio de Prosperidad, lejos del centro, en un barrio residencial, lejos de Touch Me.

Pero al problema del dinero y del poco apoyo por parte de mis conocidos, que en su mayoría no entendían mi pasión por esa casita, se le añadió el del derrumbe. Los palacetes viejos tienden al derrumbe; y por si el derrumbe tarda, ya están ahí los humanos para demolerlo antes de tiempo.
Esta mañana, desde la ventanilla del coche, he visto las ventanas huecas de mi casa, de la casa que no es mía pero que me pertenece más que a nadie. Allí estaba mi sueño del futuro, pero pronto sólo quedarán escombros...











Tantos años enamorada de esa casa y sin embargo nunca le hice una foto. He tenido que recurrir al google earth para mostrárosla. En la época en la que hicieron estas fotos, había una pancarta enorme de una constructora que cubría prácticamente todo el torreón. También, si os fijáis, veréis que colgaban carteles de publicidad enormes en el muro de detrás de la terraza: por ahí han pasado anuncios de perfumes, de whisky... no sé, no me habría importado tener en mi terraza uno de esos.
Pero ya es tarde.

13 comentarios:

The Café Terrace at Night dijo...

que penita me trasmites anita..
te acompañare a casa un dia para ver la casita oks ?? aun sigue no ??
un besito
por cierto, he leido la entrada.

Anastasia dijo...

Ok, el próximo día que pasemos por delante te enseñaré la casita... me extraña que no te acuerdes, es bastante difícil de olvidar porque desentona mucho con las cosas que hay alrededor.
De momento sí que sigue en pie, aunque no te sé decir durante cuánto tiempo...

Gracias por comentar (y por leerte la entrada entera).
Un besito

Elisa Alaya dijo...

Jolín, a mí me dio mucha pena ver los carteles... es una casa preciosa. Quédate con las fotos y mándala reconstruir cuando ahorres :)

Un beso!!

Anastasia dijo...

Ojalá pudiera...
bueno, yo ahorraré...
pero lo malo es que en el sitio donde está supongo que construirán otra cosa, y si yo quiero reconstruir la casa no podría reconstruirla en su sitio original, tendría que irme a un descampado, a las afueras... y ese plan no me gusta nada.
A mí lo que me gusta es el contraste de encontrar esa casa en medio de la Pospe.

Tom/Shine. dijo...

Los años que vengan me dedicaré a construir y diseñar, y con relatos como este me puedo dar una idea de lo que algunas personas buscan.
Ilusiones y sueños, creo que los tomaré en cuenta desde ahora.

Quizá tu casa regrese un día de estos, uno nunca sabe.
See ya!

Anastasia dijo...

¡Eso me haría mucha ilusión!

Me alegra saber que hay personas como tú, dispuestas a diseñar y cumplir los sueños de la gente.
Gracias.

Sueño dijo...

Es una entrada realmente triste. Es uno de los sueños más hermosos que nunca me han contado. Cuando he leído "de la casa que no es mía pero que me pertenece más que a nadie" me he emocionado especialmente. Gracias por compartir tus maravillosos sueños.

Johnny Dibud dijo...

Yo también conozco una casa que le tenía admiración y está hecha una ruina. El tiempo a veces no perdona ni para ellas. Besos.

Anastasia dijo...

Sueño...
me conmueve que te emociones con mis sueños y me alegra que una vez más te pases por Via Trieste para opinar.
Nos vemos mañana, ¿no?
Un beso.


Johnny...
es cierto que muchas veces el tiempo no perdona, pero creo que en este caso los humanos también tienen algo de culpa... supongo que en el vacío que quede tras el derrumbe construirán algo moderno y seguramente feo (del estilo del resto del barrio) o harán oficinas grises o algo por el estilo. El tiempo hace daño, pero los humanos hacen que ese daño llegue antes y más acentuado.
Gracias por comentar, un beso.

Víctor Hugo. dijo...

En Alcalá de Henares también hay una casa de desde chico siempre me llamó la atención: es una casa baja de una pareja de señores mayores que lleva ya unos años acosada por las constructoras para hacer pisillos de 4 plantas...
Espero que resistan como jabatos:)

Saludos.

Anastasia dijo...

A pesar de no conocer la casa, yo también espero que resistan.

Gracias por pasarte por aquí y por comentar.

Savoy Truffle dijo...

Pues yo creo que todos tenemos en nuestra un ciudad un sitio en el que nos hubiese gustado vivir, e como un sueño imposible, pero admito que parece que cuando desaparece te quitan algo tuyo sin ser de ti, es una sensación extraña, así somos los humanos. Un saludo.

Anastasia dijo...

Sí... así somos, no podemos remediarlo. Nos gusta desear lo imposible y nos parece que precisamente el hecho de que algo sea imposible hace a ese algo más deseable.

Un beso y, de nuevo, gracias por pasarte por aquí.